¡Hola, volví! La verdad es que en los últimos meses tuve cero ganas de escribir y hacer videos sobre el teatro. Fui a ver dos ballets y dos óperas, y hasta la última, sentí que no valía la pena hacerlo: simplemente no me gustaron las obras. El orden fue este:
- Ballet Programa Mixto (Aftermath, Come In y La consagración de la primavera)
- Ópera Demencia
- Ópera Capuletos y Montescos
- Ballet Alicia en el país de las maravillas
¿Está mal que no me guste una obra? ¿Eso significa que soy poco culto o que le estoy faltando el respeto a toda la producción que conllevó ponerla en escena? No lo creo. Considero que hay muchos elementos que se pueden destacar de manera aislada —como la escenografía, coreografía, el vestuario o la orquesta—, pero aun así el resultado general puede no gustarte. Al final, estas obras apuntan a un público muy amplio: desde la persona que va a su primera ópera o ballet hasta la que lleva más de diez años con su abono. Cada quien tiene derecho a su propia opinión y debería ser libre de expresarla.
Esta reflexión la hago porque entendí que analizar por qué algo no funciona —o no nos llega— también es una forma de hacer crítica constructiva y conectar de forma honesta con el arte. No se trata únicamente de hablar de manera positiva solo porque es lo que más vende. El Teatro Colón es un orgullo enorme para todos nosotros; lo queremos, lo apoyamos y valoramos su excelencia, pero justamente por eso a veces es necesario remarcar ciertos puntos y señalar lo que no convence, algo que muy pocos se animan a hacer. Es por esto que, a partir de las próximas obras, voy a ser más severo y realista con mis comentarios. Respecto a estas que no me gustaron, mejor no ahondo en detalles para evitarme el disgusto de recordarlas.
Ópera Capuletos y Montescos. (Me copó mucho la escenografía)
Ópera Capuletos y Montescos.
Ópera Demencia
Ballet Programa Mixto
Respecto a la función que más se destacó a mi parecer, fue una de las obras más llamativas y extravagantes que tuve el honor de presenciar: Alicia en el país de las maravillas.
Quiero resaltar la increíble cantidad de efectos visuales y trucos escénicos que utilizaron para darle vida a la historia. De por sí, Alicia es una obra que requiere muchísima imaginación; uno pensaría que su mundo solo sería posible en una película y que una adaptación teatral podría quedarse en una representación limitada, con mucho que desear. Sin embargo, este no fue el caso en absoluto. La puesta en escena superó todas mis expectativas y cumplió en todos los aspectos: la escenografía es deslumbrante y el trabajo en escena, impecable. ¡Una experiencia mágica!
Realmente me dejó sin palabras; no pensé que fuera posible semejante nivel de producción, con ese uso de luces y tecnología. Fue una experiencia increíble y espero que hayan tenido la oportunidad de ir. Fue un espectáculo ideal para todo público —incluidos chicos y jóvenes— gracias al ritmo y al constante movimiento que tenía, sin partes monótonas en ningún momento. Le doy un puntaje excelente a cada uno de sus componentes.
Les adjunto algunas imágenes y videos que tomé. Me gustó mucho que, en un momento, hayan salido del escenario para llevar el show al lado de los espectadores. Está buenísimo lograr esa integración con el público de forma natural, sin romper la cuarta pared ni forzar interacciones.
Finalmente, esta semana voy a ver la ópera Otelo, obra de Shakespeare con música de Verdi. Le tengo mucha fe; esperemos que esté buena.
¡Agradezco si me cuentan qué opinan sobre la reflexión de arriba!